Conversación sobre la relación entre integridad y riesgos psicosociales en las organizaciones
En el seminario web han participado 176 personas
La seguridad psicológica, los liderazgos responsables y la protección de las personas alertadoras emergen como factores clave para reforzar la integridad institucional
9 de julio de 2026. La Comisión Asesora en Ética (CAE) de la Oficina Antifraude de Cataluña ha celebrado una nueva sesión del Ciclo de conversaciones sobre integridad y actualidad, dedicada a explorar la conexión entre la integridad organizacional y la gestión de los riesgos psicosociales. La sesión ha contado con la participación de la psicóloga Juliana Vilert, la filósofa Begoña Román y el responsable de la Unidad de Protección de Personas Alertadoras de Antifraude, Àlex Madariaga, que han aportado perspectivas complementarias sobre los efectos que una gestión deficiente de los riesgos psicosociales puede tener en la ética, la confianza y el funcionamiento. El seminario web ha sido moderado por la técnica de Prevención de Antifraude, Lara Baena.
Los riesgos psicosociales: una cuestión de salud y de gestión
Durante la conversación, Juliana Vilert ha destacado que los riesgos psicosociales no pueden entenderse únicamente como una cuestión individual, sino como un elemento estrechamente relacionado con la forma en que las organizaciones estructuran el trabajo, ejercen el liderazgo y gestionan las relaciones internas.
Vilert ha remarcado la necesidad de construir entornos basados en la seguridad psicológica, la confianza, el respeto y la corresponsabilidad. También ha señalado que los liderazgos que escuchan, identifican los problemas de forma precoz y actúan antes de que los conflictos escalen constituyen el principal factor de protección frente a los riesgos psicosociales.
Además, subrayó la importancia de dar espacio a las voces críticas y discrepantes, así como de fomentar una escucha genuina que permita mejorar continuamente a las organizaciones.
Cultura ética, integridad y cuidado de las organizaciones
Begoña Román ha situado el debate en el terreno de la cultura ética y la integridad institucional. Ha defendido que la integridad implica sentirse parte de un proyecto colectivo y asumir su custodia y cuidado.
Román ha remarcado que una cultura ética sólida requiere un propósito compartido, capacidad de autocrítica y una toma de decisiones basada en la transparencia informativa. Durante su intervención, Román ha insistido en la necesidad de evitar visiones simplistas de los conflictos y adoptar enfoques más complejos y deliberativos. En este sentido, ha reivindicado el valor de la escucha, del diálogo y de los espacios de conversación como herramientas indispensables para abordar tensiones y dilemas organizativos.
La cultura de la alerta, una asignatura pendiente
Desde la perspectiva de la protección de las personas alertadoras, Àlex Madariaga ha señalado que la cultura de la alerta es todavía una realidad poco consolidada en nuestro entorno. Madariaga ha advertido que, con demasiada frecuencia, cuando se produce una comunicación de irregularidades se pone el foco en la persona que alerta en lugar de los hechos denunciados. Esta situación puede derivar en procesos de desacreditación, represalias o conflictos que erosionen la confianza institucional.
El responsable de la Unidad de Protección de Personas Alertadoras de Antifraude ha recordado que los sistemas de información no tienen como objetivo crear una red de delación, sino facilitar que las personas puedan informar sobre cuestiones relevantes para el interés público sin temor a sufrir consecuencias negativas. En este sentido, ha reivindicado la necesidad de reforzar la confidencialidad y de generar entornos que favorezcan la confianza, garantizando que las personas que deciden levantar la voz reciban una protección efectiva.
Hacia organizaciones más saludables e íntegras
En el debate final y durante el turno de preguntas, los participantes coincidieron en señalar que la prevención de los conflictos, la promoción del pensamiento crítico y el desarrollo de una cultura de confianza son elementos indispensables para avanzar hacia organizaciones más saludables.
También se ha puesto de manifiesto la necesidad de incorporar mecanismos restaurativos, disponer de tiempo para la deliberación antes de tomar decisiones complejas y reforzar la formación en ética dentro de las instituciones.
La sesión ha concluido con una idea compartida: la integridad y gestión de los riesgos psicosociales son ámbitos inseparables. Construir entornos de trabajo seguros, respetuosos y abiertos a la discrepancia no sólo contribuye al bienestar de las personas, sino que refuerza la capacidad de las organizaciones para actuar de acuerdo a sus valores y al servicio del interés público.