Todas las actuaciones y decisiones del personal y las autoridades al servicio de un ente público deben adecuarse siempre a los principios y valores que el ordenamiento jurídico marca:

Objetividad, neutralidad, imparcialidad, legalidad, igualdad de los ciudadanos ante los poderes públicos, eficacia, eficiencia, economía, etc. Las actuaciones enmarcadas dentro de este eje buscan ofrecer una GUÍA a todos los miembros de la institución sobre cuál es la conducta que se espera de ellos como servidores públicos.

En ocasiones, además, algunos de estos principios de la ética pública pueden entrar en conflicto entre ellos, o bien el interés general puede colisionar con los intereses privados -propios o de terceros- de las personas que ejercen funciones públicas. En estos casos la organización debe poder ofrecer ORIENTACIÓN, en caso de que se produzca alguno de estos dilemas

La gestión de este eje de actuación incluye tanto herramientas formales como informales, que se desarrollan e implantan a través del liderazgo ético y la cultura organizativa.

Liderazgo ético

La forma como los cargos electos o de designación política, directivos y mandos de una institución pública dirigen la organización en su día a día muestra su COMPROMISO real con el fomento de la integridad y LA VOLUNTAD REAL de prevenir la corrupción así como otras conductas ilegales o impropias. Su forma de dirigir afecta directamente:

  • la conducta del resto del personal en tanto que son referentes éticos y modelos de conducta y condicionan la cultura ética organizativa, y
  • el grado de exigencia de profesionalidad en la gestión, por tanto la eficiencia y legalidad de toda actuación.

Por ello consideramos que el liderazgo ético es la pieza angular de todo el sistema de integridad de un ente público. De ahí que cualquier estrategia de fomento de la integridad y de prevención de la corrupción requiera reflexión, esfuerzo y responsabilidad por parte de los dirigentes de una institución

Cultura ética organizativa

Las políticas, procesos y procedimientos de una institución pública definen como se quieren hacer las cosas en esa organización. Pero la cultura organizativa acaba determinando la forma en que realmente se llevan a cabo: qué normas o estándares se obedecen, cuáles se fuerzan o adaptan, y cuáles se ignoran. Qué conductas son toleradas y cuáles no. Popularmente se acaba explicando como la forma en que se hacen las cosas en esta "casa".

Esta cultura tiene efectos sobre la profesionalidad con la que opera la institución, así como con el grado de compromiso en la prevención de la corrupción, en especial a la hora de utilizar los mecanismos de detección y respuesta ante los abusos de la posición pública en beneficio privado, actos ilegales o conductas impropias